Parece que el Norte y el Sur sean dos espacios estancos. Dos realidades diferentes no vinculadas. Eso es, al menos, lo que nos transmiten los medios de comunicación: “nosotras y nosotros no podemos hacer nada para cambiar la situación de la pobre gente que vive en los países subdesarrollados…”.

Y sin embargo, ¡que verdad tan poco cierta! Nuestro modo de vida aquí, en el Norte Global, determina el modo de vida allá, en el Sur Global. Su empobrecimiento deriva directamente de las actuaciones de nuestra sociedad de consumo. Cambiar de móvil tres veces al año, comprar ropa en las grandes cadenas de distribución o comer chocolate fabricado por grandes transnacionales, provoca que en el Congo se intensifiquen las guerras por el Coltán, que en Marruecos exploten a las personas trabajadoras y que haya niñas y niños faenando en las plantaciones de cacao.

Todas esas interferencias destructivas, de las cuales somos responsables, se pueden definir como anticooperacióni. Por eso ¿Que sentido tiene hacer pozos para sacar agua limpia en una comunidad del Sur, si seguimos permitiendo que empresas del Norte Global contaminen ese mismo agua? ¿Qué sentido tiene cooperar, si no dejamos antes de anticooperar?

Esta serie de prácticas anticooperantes se nos presentan en dos sabores, a elegirii:

  • El primero podríamos llamarlo “Bussiness as usual”, y no presenta alternativa alguna salvo seguir con un crecimiento infinito en un mundo finito, ignorando los limites de las personas y los ecosistemas.
  • El segundo modelo, el llamado “Capitalismo verde”, ignora igualmente los límites, pero reconoce parcialmente el problema ambiental y lo utiliza para hacer un “lavado de imagen”. Incorpora y mercantiliza la perspectiva ecológica. Es este modelo el que se se vale de las tres erres (recicla, reduce, reutiliza), o el que nos vende la confianza ciega en que las energías renovables salvarán a la humanidad del desastre. Y por supuesto que todo lo anterior esta bien, pero para nada es suficiente. Nuestra capacidad de reutilizar productos es bastante limitada si éstos se diseñan para no durar, por ejemploiii iv.

Es aquí donde el decrecimiento nos da una respuesta, aunando viejas luchas para acabar postulando que toda práctica encaminada al cambio social que se limite a incidir sobre la superficie, sin abordar el problema desde la raíz, no es suficiente.

¿Decrecer es una opción? La respuesta es un rotundo y tajante no. No, porque el mundo y nuestros ritmos vitales son nuestros límites físicos. El petroleo se acaba, la temperatura se incrementa, el nivel del mar sube, no hay agua para todas las personas, ni energía… y nuestro ritmo de trabajo es tal que no deja tiempo para satisfacer las labores encaminadas al sostenimiento de la vida. La incorporación de las mujeres al mercado laboral ha propiciado por un lado dobles jornadasv, y por el otro una deuda de cuidados norte-sur, situando a las mujeres del sur global en situación de doble exclusión. En ambos casos, el tiempo dedicado a los cuidados y la calidad de los mismos se reduce por norma general.

No podemos elegir vivir o no esta situación. No podemos elegir si queremos seguir utilizando petroleo y derivados. Aunque se empeñen en asegurarnos que con las nuevas técnicas, como el fracking, podemos acceder a nuevas reservas, nuestra principal fuente energética se termina. Vamos a decrecer, estamos decreciendo, la cuestión es ¿como lo hacemos? Vamos, pues, a la raíz del problema.

Y en la raíz tenemos que las personas vivimos para buscar la felicidad. Aquí viene el juego de manos: nuestro modelo de vida se construye sobre el axioma de que cuanto mas crecimiento económico experimenta una sociedad mas felices son las personas que la componen. Sin embargo, algo debe andar mal si en España tenemos una tasa de 13 suicidios por cada 100.000 habitantes, frente a uno en Perú y menos de uno en Dominicana, cuando nuestro PIB per cápita triplica al de estos dos países. Esto no es extraño, el PIB no cuenta actividades como tocar el piano o el sexo, ambas grandes generadoras de felicidad, y si que cuenta otras como la venta de armas. Por otro lado, ignora los trabajos imprescindibles para el sostenimiento de la vida, en su mayoría realizados por mujeres de manera no remunerada. El PIB mide los mercados, no las personas.

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Suicidios anuales por cada 100.000 habitantes frente a PIB per cápita

Si bien es cierto que en los primeros estadíos del desarrollo humano este va de la mano del crecimiento económico, una vez alcanzado cierto grado de satisfacción de necesidades el desarrollo económico nos hace personas mas infelices e insatisfechas mientras nos procura derechos que no se pueden garantizar a escala global. Y un derecho que se gana a costa del sometimiento de otras personas no es un derecho, sino un privilegiovi

En mi caso personal (Ana), tengo unas necesidades básicas que cubro con unos satisfactores variables. Mi necesidad de alimento puede ser satisfecha con una lechuga o con una barrita de chocolate. El sistema utiliza como base estas necesidades/satisfactores para construir toda su estructura capitalista. Nos dice que necesitamos para ser felices y como conseguirlo. También nos marca quién tenemos que ser. Necesitamos trabajar mucho, si eres mujer más, ser competitivas y tener claro en que escalón estamos, para ganar cuanto más mejor y adquirir estos satisfactores.

Desde pequeña vivo con estas verdades absolutas. Son conceptos tan interiorizados que me parecen “naturales”. Además, han conseguido que no entienda esta superestructura en la que estoy inmersa, así es más difícil que salga de ella. Yo sigo viviendo en mi barrio, en mi pueblo, en mi ciudad. En un nivel local. Y sin embargo las decisiones que rigen como lo hago son tomadas en un nivel totalmente alejado del mio, incomprensible para mi. Existe un abismo entre la globalidad de la riqueza y el poder y la localidad de las personas. Y me pierdo.

¡Que ejercicio de deconstrucción más radical tengo que hacer, si quiero empezar a reevaluar estos valores con los que funciono! Si quiero cambiar competencia por creación colectiva, dependencia por soberanía, jerarquía por horizontalidad, patriarcado por…¡algo totalmente nuevo y mio! ¡reconquistemos el imaginario colectivo!

A primera vista parece paradójico abordar este cambio social colectivo desde la ingeniería, la “ciencia del crecimiento”. Pero si la ingeniería ha sido y es el motor del crecimiento, precisamente por eso quienes la practicamos tenemos la llave para cambiar ese motor. La pregunta es ¿como repensamos la ingeniería? En teoría, es una herramienta técnica para solucionar problemas sociales, pero ¿cuantos de estos problemas responden directamente a necesidades humanas? Para evaluar si un proyecto es viable, actualmente se estudia si lo es económicamente. Se proyecta optimizando los recursos materiales y humanos. Y en esta ecuación ni los ecosistemas ni las personas aparecen como variables. Lo más importante, es una ecuación que no tiene límites, ni humanos, ni físicos, ni naturales.

El reto al que nos enfrentamos es cambiar esta ingeniería por aquella que responda directamente a nuestras necesidades, disminuyendo su impacto en los ecosistemas y las personas y respetando sus límites. Una ingeniería en la que las cosas estén hechas por y para las personas, para durar, para ser utilizadas, reutilizadas y recicladas.

La ingeniería ha venido unida a grandes proyectos, presas, centrales, puentes… ¿a que necesidades responden estas megaconstrucciones? ¿Cómo podemos transformar y reestructurar las grandes lineas y redes de energía, de agua…? ¿Como rehumanizamos estas ciudades sin límites, estos mares de asfalto?

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El puente-tunel de Oresund es una de las mas enormes obras de ingeniería.

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El puente une Suecia con una peninsula artificial en la que se sumerge en un tunel que llega hasta Dinamarca

Será necesario articular canales cortos de abastecimiento para todos los recursos que necesitemos, alcanzar microsoberanías en todos los ámbitos. Y esto nos ha de llevar a una organización política, en consecuencia, mucho mas micro también. Democracias de base, mas participativas, en las que sea posible generar ese cambio de imaginario del que hablamos.

El reto: globalizar lo mínimo posible, tan solo lo necesario para gestionar la satisfacción de cada necesidad básica. Así, mientras para alimentarnos podremos organizarnos en espacios muy pequeños, casi familiares, quizás la sanidad requerirá grupos mas amplios, vecinales o regionales. Todas son prácticas que venimos trabajando y aprendiendo de nuestras contrapartes en el Sur Global. Nos encontramos ante un futuro paradójico que nos va a exigir una transferencia de conocimientos Sur-Norte.

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Construcción de bicibomba en el huerto urbano Mucho Trigo 10 (Córdoba)

Pero, ¿serán posibles estas microsoberanías en todas partes? Las expoliaciones de recursos y el cambio climático generaran regiones en las que la vida no pueda ser sostenible de manera autónoma. Del mismo modo, espacios hiperpoblados como las grandes urbes ya no serán posibles tal y como hoy las concebimos. La crisis energética hará que no podamos acercar los recursos a las personas, y que sea la montaña la que vaya a Mahoma. Hablamos de grandes éxodos: retorno al medio rural, migraciones masivas, refugiados y refugiadas climáticas, etc.

Por último, acercarnos a nuestras fuentes de vida, al medio natural, hará que se eliminen ocupaciones superfluas, y que trabajemos lo necesario para vivir. Esto nos dejará tiempo para asumir nuestros cuidados, visibilizarlos y distribuirlos en equidad y sin condicionantes de género, raza o estatus social.

En estos escenarios las tres erres cobran pleno sentido: Reducir en un mundo que no despilfarra, reutilizar objetos diseñados para durar, reciclar materiales que se podrán reintegrar en los ecosistemas cuando acabe su vida útil.

Como hemos dicho, decrecer no es una opción, pero podemos influir en cómo vivir este periodo. ¿Queremos decidir como hacerlo, o preferimos seguir como hasta ahora, sin conexión, en nuestra realidad paralela y darnos un batacazo?

Decrecer en orden y en equidad es un reto que debemos afrontar. Nos adentramos en un escenario de políticas neofascistas y represión policial y militar, que trataran de preservar los mismos privilegios y niveles de consumo para un grupo de gente que será cada vez mas reducido. Se requiere diversidad de acción y estrategias: en lo político, en lo social, en lo ambiental, etc. Recuperar las leyes como vía de acción, y definir otras vías allá donde las leyes nos coarten. Una vez mas el Sur tiene mucho que mostrarnos en esto.

Por otro lado, no podemos esperar. Debemos parar y volver atrás ahora que podemos encontrar la empatía de personas que han vivido mas despacio, mas cerca de lo humano y lo natural. Decrecer ahora nos permitirá encontrarnos con la abuela y el abuelo, con el conocimiento ancestral, al menos con la parte de éste que aun se conserva.

¿Es tarde para decrecer? quizás las personas ya estemos condenadas a un decrecimiento abrupto y doloroso. Pero una cosa si esta clara: Es demasiado tarde para plantearnos si es demasiado tarde. Es la hora de actuar.

Ana Andreu Méndez

Óscar Martín Martínez

Grupo de voluntariado de Córdoba de Ingeniería sin Fronteras Andalucía


i Anticooperación. Interferencias norte-sur. Los problemas del sur global no se resuelven con mas ayuda internacional. David Llistar Bosch. Icaria. 2009. ISBN 978-84-9888-110-3

ii La quiebra del capitalismo global 2000-2030. Ramón Fernández Durán. http://www.quiendebeaquien.org/IMG/pdf/el_inicio_del_fin_de_la_energia_fosil.pdf

iii La historia de las cosas (vídeo). The story of stuff project. http://www.storyofstuff.org

iv Comprar, tirar, comprar (vídeo). Cosima Dannoritzer. RTVE y Media 3.14, 2011.

v Tiempo de trabajo, tiempo de vida (conferencia). Cristina Carrasco. http://www.ciudaddemujeres.com/articulos/Tiempo-de-trabajo-tiempo-de-vida

vi Entrevista a Yayo Herrero. Rebelión. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144621