Nuestros aparatos electrónicos incorporan metales pesados que estamos agotando a un ritmo muy elevado y además contaminan nuestro entorno cuando estos productos son desechados. Ante esta situación podemos tomar un papel activo y ayudar a revertirla. Hoy jueves 23 de abril se celebraba nuestro taller de Electrónica Ética en Sevilla, donde recogíamos todo lo anterior. Aunque la situación de emergencia nos impide llevarlo a cabo nuestra voluntaria Irene de la Cruz nos cuenta todos los detalles.

Plomo, arsénico, cobalto, mercurio, cadmio …, son algunos de los metales pesados que se encuentran en nuestros dispositivos electrónicos y que fácilmente terminan alimentando nuestros océanos, nuestra tierra, evaporándose y alcanzando el aire que respiramos. Y no se queda aquí, son otros muchos más los componentes, en su mayoría reciclables, como pueden ser metales preciosos incluyendo oro, plata, cobre, platino, y paladio y un valioso volumen de hierro, aluminio y plásticos.

Materias primas que se van agotando, entrando con ello en el circulo vicioso, de cuan más complicada es la extracción de estos recursos más alto es el coste de los dispositivos. El verdadero coste que nosotros no pagamos.

Generamos más de 50 millones de toneladas de residuos electrónicos por año, una cifra que ni siquiera podríamos visualizarla mentalmente. Concretamente, en España tiramos 20 millones de móviles cada año, que muy pocos se preocupan dónde van a parar. De todo esto, solo se recicla el 20 %.

Según reconoce el propio PNUMA, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el 80 % termina en vertederos de África y China. Se venden como productos de segunda mano, para llegar a los vertederos gigantes como el Agbogbloshie en Ghana, donde se ensucian las manos y los pulmones de vapores tóxicos provenientes de nuestro hiperconsumo, la obsolescencia programada y la falta de legislación en gestión de residuos electrónicos, permitiendo una exportación desmedida y la tolerancia de insalubridad en lugares donde no solo afecta al medio, si no a las personas que trabajan día a día en él.

Los dirigentes de los países occidentales y la legislación actual de estos, tomando su papel principal de responsabilidad con su inhumana ignorancia, nos otorgan un papel secundario en esta desproporcionada incoherencia de privilegios, donde los extremos del consumismo se queman en los vertederos de la pobreza más cruel.

Afortunadamente, tenemos muchos medios para poder frenar, en la medida de lo posible, este abuso que las sociedades del norte global establecen con respecto a las más desprotegidas. Entre ellas, la luchas contra la obsolescencia programada, apostando por dispositivos que nos garanticen su vida útil, fomentar la reparación y darle una segunda vida. La última opción debería ser tirar el dispositivo, incluso en los puntos limpios.

En vista a la actual crisis sanitaria que estamos atravesando, podemos donar nuestros dispositivos que no usamos a hospitales, pues en muchos de ellos se encuentran personas, en su mayoría mayores, ingresadas y sin contacto con nadie de su familia por falta de estos dispositivos. La iniciativa ciudadana #mirarteotravez y el proyecto abriendo una ventana creado por Tecnara nos ofrecen la posibilidad de darle una segunda vida a nuestras tablets y móviles.

Pero por otro lado, también existen muchas ONGs que se dedican a su recogida para su reparación y posterior donación a los que lo necesitan, como por ejemplo: nolotiro.org o la asociación informática abierta.

Reducir la basura electrónica empieza por nosotras mismas. La necesidad de la responsabilidad de formar parte de una sociedad cada vez más concienciada, más colectiva y mundialmente cooperativa, está mostrándonos su cara en estos últimos días. Demostrando que si como parte de nuestra sociedad nos desentendemos de nuestra responsabilidad individual, si seguimos sin tomar conciencia colectiva, no sabremos responder ante los colapsos, las crisis y, como ahora mismo podemos comprobar, las pandemias.

Irene de la Cruz Hidalga es Ingeniera de Minas e Ingeniera Eléctrica, además de voluntaria del grupo de Acción Local de Sevilla de ISF Andalucía

Foto de portada cortesía de Fairphone, bajo licencia Creative Commons BY-NC