Estas navidades tenemos una propuesta para ti: Practica L’Off. Significa apagar el interruptor. Romper con tus hábitos de consumo y ocuparte de las personas. Consumir felicidad y no bienes materiales. Pasear por el campo, ver una puesta de sol, encontrarte con seres queridos, bailar o cualquier otra actividad respetuosa con las personas y el medio ambiente. Porque nuestro modelo de consumo está acabando con el planeta y con la vida, a la vez que hipotecando el futuro de niños, niñas y jóvenes. Celebremos la fiesta de la vida, no la del consumo.

Un año más llegan las navidades, y con ellas toda una serie de rituales, muchos de los cuales se relacionan directamente con el consumo. Ya hemos pasado el #BlackFriday, el #CyberMonday y el #GivingTuesday, y los mensajes se repiten: el viernes, sal a comprar de forma compulsiva todo aquello que se te ofrezca; al lunes siguiente, ni siquiera salgas, puedes comprar desde tu sillón a través de Internet; y el martes, puedes terminar de sentirte feliz dando algo de dinero a alguna organización social que te caiga bien. Mientras tanto, ISF Andalucía y otras muchas organizaciones afines lanzamos mensajes totalmente opuestos a lo anterior: aprovecha para no consumir y reencontrar un modo de vida que dejamos atrás hace tiempo, más consciente de los límites del planeta y más respetuoso con la vida.

Año tras año la historia se repite, hasta tal punto que acabamos en una guerra de trincheras (que en redes sociales se traduce en guerra de hashtags) en la que hemos perdido la noción de por qué desde los poderes establecidos y desde las organizaciones sociales insistimos en uno y otro mensaje. En un momento histórico de rebelión, en el que nos declaramos en emergencia climática; en el que Acciona, Endesa, Iberdrola y Suez se pasean por la zona verde de la COP25 haciendo suyo un mensaje que las organizaciones sociales llevamos mas de 50 años defendiendo; en un momento en el que sabemos que en 30 años gran parte de la bahía de Cádiz estará bajo el mar. En un momento así, en ISF Andalucía creemos conveniente recordar cuál es el origen de nuestras argumentaciones en contra del modelo de consumo imperante.

Las multinacionales, representantes del modelo que provoca el cambio climático, presentes en la zona verde de la COP25 lavando su imagen con mensajes de capitalismo verde. Foto: ISF Andalucía.

Partiremos de una realidad sencilla pero contundente. No existen recursos naturales en el planeta para mantener los niveles de consumo actuales. Según datos de Global Footprint Network de 2016, necesitaríamos 1,69 planetas para seguir con nuestro modelo de vida actual. ¿Cómo es posible, entonces, que nos salgan las cuentas? Muy sencillo: estamos utilizando los recursos de las generaciones futuras, que a este ritmo heredarán un planeta herido de muerte.

En el Estado español, la situación es aún más alarmante. Si los niveles de consumo mundial fueran como los nuestros, necesitaríamos 2,48 planetas. Esto no sería posible sino a costa de un consumo reducido en otras zonas empobrecidas, en algunos casos tan reducido que no da para cubrir las necesidades básicas. Como ejemplos, si equiparásemos los niveles globales de consumo a los de Haití, nos bastaría con menos de medio planeta. En el caso de Eritrea, nos bastaría con un tercio.

Además, nuestro modelo de consumo lleva asociado un derroche energético insostenible. No sólo hablamos de la energía asociada a los procesos de fabricación, sino también de los kilómetros de distancia que recorre cada producto y sus componentes durante su ciclo de vida, y de la cantidad de envases y embalajes asociados. Materiales innecesarios que acaban en vertederos, cuando no en una isla de plásticos en mitad del Pacífico.

Las energías renovables no son una solución por sí mismas, pues producen energía en forma eléctrica, y solamente el 10% de la energía se consume de esta manera. El otro 90% se consume directamente por combustión fósil. Aquí entrarían procesos de fabricación, transporte por carretera y vuelos en avión, entre otras cosas.

A menudo se argumenta con un cambio estructural para convertir este 90% en eléctrico. Pura ciencia-ficción: tal cambio tendría que acometerse con energía fósil, y se estima que no queda suficiente en el planeta para hacerlo. Todo ello sin contar con ciertas dificultades técnicas, como que los viajes en avión o el transporte de mercancías pesadas usando energía eléctrica son hoy, en términos prácticos, una superstición. Además, los dispositivos de captación que utilizan las renovables (aerogeneradores, placas solares, etc.) dependen de materiales que requieren de energía fósil para ser extraídos y transportados. Y la presión extractiva asociada a su uso generalizado supondría (ya lo está suponiendo) una amenaza para el medio natural.

Nuestra fe ciega en la tecnología nos impide ver que no hay forma de sostener un crecimiento infinito con recursos finitos. Tarde o temprano nuestro modelo cambiará, la cuestión es si lo hará de manera justa o a través de totalitarismos y/o desastres naturales. Foto: ISF Andalucía

En conclusión, es necesaria una reducción drástica de los niveles de consumo energético hasta el punto de que nuestro modo de vida ha de transformarse por completo. Y ello implica un cambio igualmente drástico en nuestro modelo de consumo.

Existe también un alto consumo de agua asociado a los procesos de producción. Es sencillo pensar en este agua como aquella incorporada directamente en los procesos industriales o agrícolas, pero ignoramos otras dos componentes muy importantes.

La primera está relacionada con la contaminación generada en los procesos de fabricación, que genera un consumo indirecto de agua: aquella necesaria para diluir los tóxicos hasta niveles tolerables para la salud de los ecosistemas. Esta dilución se produce por procesos naturales (lixiviación y escorrentía) que purifican de nuevo los suelos y acuíferos. Si en el ecosistema no existe el agua disponible para que estos procesos ocurran, éste queda dañado de manera permanente.

La otra componente está muy ligada a los procesos agrícolas, y tiene que ver con el agua que es extraída por las especies vegetales del subsuelo y evaporada a la atmósfera y que tendrá que ser restituida por la lluvia. De partida esto es un proceso natural, pero la intervención humana al aplicar modelos intensivos de agricultura incrementa drásticamente la desecación de suelos. El agua faltante tendrá que ser repuesta por la lluvia por filtración, y será necesaria más agua para que se repongan los acuíferos.

Sumando las tres componentes (agua incorporada, contaminada o evaporada), y según la Water Footprint Network, se consumen 27 litros de agua para producir una taza de te; 2500 litros para producir una camiseta de algodón; o 15415 litros para producir un chuletón de ternera. El impacto de esto en nuestros acuíferos es irreversible, se traduce en daños en nuestra salud, y pone en peligro nuestra supervivencia y la de todas las formas de vida del planeta.

Por último, y no menos importante, nuestras compras también generan un grave impacto social, distribuido por todas las fases del ciclo de vida. En los productos que requieren extracción de minerales (especialmente productos electrónicos) en muchas ocasiones se utiliza mano de obra de bajo coste, incluso infantil. Los llamados minerales de conflicto (coltán, oro, tántalo, wolframio, litio, etc.) provocan conflictos armados en las zonas de extracción, donde muchas personas son asesinadas y mujeres y niñas sufren violaciones. La “nueva ola de movilidad eléctrica” también está incrementando la presión extractiva. Existen minerales libres de conflicto, pero no en cantidad suficiente para satisfacer nuestra demanda con los niveles de consumo actuales, y mucho menos para la sostener la idea megalómana de un parque móvil completamente eléctrico.

Por otro lado, las cadenas de ensamblaje, normalmente ubicadas en países asiáticos, implican altos niveles de explotación laboral. En países como China, por ejemplo, las coberturas sociales y sindicales son deficientes o nulas. Esto también es extrapolable a otras industrias, como la textil.

El descarte de los materiales electrónicos también es un problema, generando residuos difícilmente separables, y por tanto difíciles de reciclar. Estos residuos son acumulados en vertederos, y frecuentemente son enviados a países empobrecidos, bien directamente o camuflados como donaciones para salvar la brecha tecnológica.

Una vez desechados, los componentes electrónicos son difíciles de reciclar. Normalmente acaban en vertederos situados en países empobrecidos. Foto: Fairphone, con licencia Creative Commons 2.0 – Atribución – No comercial

Por otro lado, los productos agrícolas se cultivan de manera intensiva usando agrotóxicos como el glifosato, que provocan enfermedades en las comunidades, contaminan el agua y el aire y hacen imposible la agricultura tradicional de subsistencia en terrenos colindantes.

Resumiendo, y en términos prácticos, pagamos todo lo que consumimos a precios muy bajos que no reflejan el coste real del producto. Este coste se externaliza y es pagado por las personas implicadas en los procesos de producción con sus derechos sociales, su salud y hasta con su vida.

En todo lo anterior existe, además, una componente importante de género: además las mencionadas violaciones en zonas de conflicto, mujeres y niñas soportan peores condiciones laborales, o simplemente asumen una carga de cuidados mayor derivada de los impactos en la salud de todo lo mencionado.

Las consecuencias de nuestro modelo de consumo no caben en un artículo, ni tampoco las perversas sutilezas que perpetúan las desigualdades sociales, étnicas, culturales, de género, etc. Por eso éstas navidades te pedimos que compres de manera consciente, responsable y teniendo presente todo lo anterior. Y si es posible, que reduzcas tus niveles de consumo. Por nuestro planeta, por las personas y las especies que lo habitamos, por nuestro futuro, por nuestras hijas e hijos… Pulsa el interruptor: estas navidades Practica L’Off.

Global Footprint Network – https://www.footprintnetwork.org/

Water Footprint Network – https://waterfootprint.org/

Crecer o decrecer: That is the question. Pedro Prieto – http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=6256

#NoMasArticulosDefectuosos – https://nomasarticulosdefectuosos.com