El día 24 de abril se celebró una movilización internacional por el clima. El objetivo principal fue reivindicar que las medidas para regreso tras el parón provocado por el COVID19 deben poner el centro el medio ambiente y las personas con criterios de justicia social y climática.

Hacía ya meses que se venía organizando una acción internacional para el 24 de abril, sin embargo, las medidas para hacer frente a la pandemia obligaron a replantear el formato. Por ello, las organizaciones convocantes (Rebelión por el Clima, Alianza por el Clima y Fridays for Future) impulsaron una nueva y creativa forma de acción colectiva que fuera compatible con la cuarentena: una manifestación de luces, sombras y sonidos desde nuestras casas.

La mañana del viernes comenzó con una fuerte campaña en redes sociales bajo el lema #VolvamosConJusticiaClimática. Un sinnúmero de personas grabó vídeos y compartió mensajes bajo este lema, haciendo hincapié en que es importante que “salgamos del parón y transformemos la actividad de un modo climática y socialmente justo”, como explican las organizaciones convocantes y como ha quedado recogido en un manifiesto que cuenta con el apoyo de centenares de colectivos. Esta crisis debe suponer un cambio en los modelos de producción y consumo predominantes, que son ambiental y socialmente insostenibles e injustos. A las 22h del viernes 24, una multitud de personas de todos los rincones del planeta proyectó simultáneamente desde sus hogares mensajes que invitaban a la reflexión sobre la emergencia social y climática a la que nos enfrentamos. En la mayoría de los casos estos mensajes estuvieron acompañados de sonidos grabados en manifestaciones previas y de canciones sobre temas relacionados.

El cambio climático magnifica y potencia las desigualdades existentes. Se trata de un claro ejemplo de injusticia global, pues las regiones que menos han contaminado a lo largo de la historia, son las más afectadas. Además, aquellas personas en situación de mayor vulnerabilidad, como las que viven en condiciones de pobreza, las enfermas y las minorías étnicas, se enfrentan a los peores impactos. Las mujeres, que forman parte de estos colectivos, sufren consecuencias diferenciadas debido a los roles de género discriminatorios tradicionalmente asignados. El cambio climático, al igual que el COVID19, en teoría no discriminan en sus afectaciones, pero sí lo hacen en la práctica. En Ingeniería Sin Fronteras Andalucía impulsamos y participamos en las acciones señaladas el día 24 de abril, pues consideramos que es crucial una reconsideración crítica y colectiva de lo que conocíamos como “normalidad” desde la perspectiva de la justicia social y climática.

Foto de portada: ISF.