22 de septiembre: Día mundial contra la fractura hidráulica

(Manifiesto conjunto de Ingeniería sin Fronteras Andalucía y Ecologistas en Acción Córdoba)

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Fracking o fractura hidráulica es una técnica de explotación del gas natural que se encuentra confinado a grandes profundidades (varios kilometros) en vetas de roca de pizarra. Para extraer el gas es necesario perforar el suelo y subsuelo hasta alcanzar las vetas que contienen el gas de forma dispersa. Posteriormente se inyectan grandes cantidades de agua y arena a presión así como productos químicos muy contaminantes. En este proceso se puede provocar la liberación de los productos químicos y del gas natural a acuíferos subterráneos provocando su contaminación. También se puede liberar gas natural a la atmósfera, siendo este un gas de gran potencial de efecto invernadero. Existen también antecedentes de pequeños terremotos en Inglaterra asociados al fracking; a su vez esta técnica acarrea un gran consumo de agua y la generación de aguas residuales contaminadas pudiendo llegar éstas a ser radiactivas. El fracking implica también un gran impacto visual sobre el terreno puesto que los pozos están al aire libre y es necesario realizar aplanamientos de terreno y una red de conexiones viarias para un alto trasiego de camiones.

La técnica del fracking nunca ha sido aplicada antes en el Estado español pero actualmente hay una avalancha de permisos de investigación relacionados con el fracking. Los más avanzados se encuentran en el País Vasco y Cantabria. La normativa no recoge la necesidad de aplicar Evaluaciones de Impacto Ambiental debido a la novedad de la técnica y a la falta de información.

En Estados Unidos estas mismas políticas de ausencia de información y permisividad administrativa han causado graves impactos ambientales. Es por esto que hoy en día conocemos las consecuencias. En la Unión Europea aún no está claro el posicionamiento frente al fracking aunque algunos países, como Francia, han aplicado ya moratorias para evitar la proliferación de proyectos. La explotación de este tipo de recursos no hace más que profundizar en el actual modelo productivista de consumo sin límites de recursos fósiles. Un modelo socialmente insostenible y contaminante basado en la quema de petróleo, gas natural y carbón para producir electricidad y posibilitar el transporte, y que además aumenta día a día las emisiones de gases efecto invernadero a la atmósfera y, en consecuencia, el calentamiento global.

Apostar por este modelo implica no sólo retrasar aun más el desarrollo e implantación de las energías renovables, sino también alejarnos de un modo de vida basado en el ahorro energético y que respete a las personas y los ecosistemas, basado en el consumo de los recursos imprescindibles para satisfacer nuestras necesidades básicas.

Escucha la entrevista en Onda Cero Córdoba con motivo del Día Mundial Contra la Fractura Hidraúlica: